MANZANAS EN EL SUELO
Las manzanas en el suelo.
Sobre la mesa un poema sin acabar.
No hay final para el mundo.
Nieva. Le doy la vuelta a la hoja
y la mancho de tinta.
En la nieve mato un gallo.
Me van a encerrar. Se oscurece
el laberinto y sale una rosa de los posos del café. El lirio
corta. Otros
se avergüenzan de mis palabras.
La hoja de papel corta. Lo cortado no es lo roto. Lo que cae
es lo que sube;
cortas el agua, el pene, la luz, la vida.
Te cortas la lengua mientras se tira un hombre. Ojala
muera en el impacto.
Hace frío. De mi boca sale bao,
de su boca sangre.
TELAS DE ARAÑA
Las arañas hacen lo mismo que yo.
Tejer en la cúpula o en el sótano.
Nadie limpia ahí. La boca
está fría. El poema que atrape para siempre la mosca azul.
A final
de la carretera el sol. Estoy en el centro del mundo. Por
más que camine siempre estoy en el centro del mundo.
Se hace de noche y sigo caminando.
Por más que camine no dejare de ser yo. Mi sombra se
quedó ya muy atrás.
Debería descalzarme e ir desnudo.
Me gustan los pájaros no porque vuelen o canten. Me
gustan como caminan, como duermen con los ojos abiertos
y el corazón parado, o los huevos. Quien ha vivido en un
huevo merece volar. Caminan como los mutilados de
guerra. Vuelan los mutilados. Se les forma un pico de
amargo silencio.
El duro pico con el que telegrafiar a una especie de ángel:
Se acabó la guerra. Las palomas negras encanecen.
Los mutilados entierran sus miembros. Aquí yace el brazo
derecho de Josef Crescí. La pierna izquierda de Jhon Pérez.
Las manos del pianista desconocido. Un ojo se entierra
junto a un pene de capitán. Se acabó la guerra de las
manzanas y las palomas negras encanecen.
REFUGIO DE MONTAÑA
Nadie pasa tanto miedo como el hombre agotado en la
montaña.
El hombre perdido en las cumbres. La nieve mata primero
al ángel. El viento mata las palabras. Las estrella contra las
estrellas. Las aleja hasta la nada. Ni ángel ni hombre
pueden en la ventisca comunicarse. El miedo nace de la
propia fuerza. De un cuerpo salvaje hecho para romperse.
Yo soy el cobarde que escribe sobre ese pasaje en la
cabaña. Siento la culpa. Ese hombre que salió esta mañana
hacia las cumbres con unas almendras y una carta de amor
no sobrevivirá. La raya que trazo en la hoja es el camino. El
camino que ves desde la ventana no es más que la raya.
Lees la raya esperando que te diga más de lo que es. Cera,
vides, árboles, en vez de luz, vino y manzanas. Debería
estar ya de vuelta, salvarse aunque no sobreviva la poesía.