Poesía
EL RENGLÓN VACÍO DE LA VIDA. Carmen Crespo Ruiz
Vuelven a sonar las paredes:
Oigo crujir sus cimientos,
la persona que un día sentó mi infancia:
se la oye gritar tras estos recuerdos.
Cuatro esquinas pisadas por el tiempo,
su voz, que ya no se escucha
descansa en el vacío de una silla
pegada al silencio.
La fugaz presencia del humano elemento,
materia que retrocede tras la pupila
de las ciegas fotografías.
Extraño, ya no lamentarme del ruido.
Preferirían mis tímpanos de cera, quizás
haber seguido quemándose con su palabra...
Y ahí, se va, no viene:
En un sin vivir de tubos, oxígeno, y desesperación.
Mi sangre en conciencia,
el brillo de una juventud.
Raro, comprobar
como la vejez no transpiró en sus pensamientos.
Como la belleza es raíz en su color de invierno.
Como a pesar de no saber,
si mis lágrimas desgarran, ahora que aún
mantengo la incertidumbre,
lloro como los niños cuando las mañanas nublan el recreo.
Qué fugaz resulta el interludio de las pisadas,
cuando sin haber retrocedido,
comienzan a borrarse...
He aquí los que se quedan,
los más tristes ojos calcinados,
que los que se van,
y habiéndose ido,
ya no lloran
pero vuelcan en las memorias
el renglón más vacío de la vida:
Un poema en singular.
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